Amiga Eva, ¿Puedo ser amiga de mi ex?



Como dice la canción: “Todo tiene su final, nada dura para siempre”, no importa cuánto nos esforcemos. No se trata de ser hetero, bi, lesbiana, pansexual o extraterrestre, simplemente, el tiempo pasa y si no nos separa la vida, nos separa la otra vida.


Mientras eso sucede, se va acumulando una lista de nombres de personas que han transitado por nuestra existencia, con sus penas y sus glorias pero que, en el camino, terminan siendo parte de quienes somos ahora.


Cuando X tiende a 0


Al momento de una ruptura, no siempre tenemos tiempo de pensar y nos dedicamos a sentir. En algunos casos, estamos agobiadas por la rabia, la tristeza o el dolor de perder a la mujer amada, y en otros, obnubiladas por la euforia de tener un nuevo camino por delante, sin esa pesadilla que fue en nuestra vida, alguna desafortunada relación.


La mayoría de los amigos, especialistas, libros de autoayuda o borrachos de bar, recomiendan alejarse, romper la comunicación, no verla más, y una serie de acciones bastante bien documentadas en las canciones de despecho, pero luego del drama, con el paso del tiempo, tenemos nuevamente la opción de pensar.




¿Será posible?


En medio del despecho muchas cosas parecen imposibles, comenzando por la sola idea de volver a amar, pero entre los pensamientos más inverosímiles que podrían cruzar nuestra mente en esa situación, está el de ser amiga de nuestra ex.


Sin embargo, realmente, ¿es posible o siquiera beneficioso ser amiga de esa persona que representó al mismo tiempo todo y nada? ¿Es posible transformar el deseo, la pasión, esa poco sana sensación de pertenencia? Muchos creen que no.


En mi experiencia, puedo afirmar que no solo es posible sino que es una de las mejores cosas que me han sucedido en la vida, emocionalmente hablando.





La decisión de NO ser


Una vez alguna de las personas de mi lista me dijo: “es que tú eres como la gente que borra los archivos del escritorio pero no vacía la papelera”.


Quizás tenía razón. Hasta cierto punto, el apego es un arma de doble filo que hace más difícil trascender e incorporar las experiencias para aprender de ellas. Por eso algunas veces es necesario cortar todo lazo, toda comunicación, borrar todas las fotos y dejar de seguirla en Facebook, en Instagram y si eres suficientemente stalker, parar, y dejar de aparecer en todos los lugares donde sabes que ella también podría estar.


Muchas veces tendrás que dejar de “frecuentar amigos en común” como dice otra canción, porque es casi imposible soltar amarras y navegar hacia otros puertos, mientras recordamos todo lo que hicimos juntas con la comadre, por ejemplo.


La situación se vuelve más álgida cuando los amigos tienen que tomar bandos o cuando desde la ruptura, ella ha comenzado a rehacer su vida y tú sientes que no puedes. Necesitas tu tiempo y tu espacio para lamer las heridas, para saber que en realidad no la necesitas, para valorarte tú y estar lista para escribir nuevas páginas en tu cuaderno, que ahora está nuevamente en blanco.




Intermedio


Mientras todo lo anterior se materializa, puedes experimentar con algunas cosas que son sumamente efectivas para superar el apego, que no es lo mismo que el amor.


Puede ser que te funcionen, puede ser que no; a mi me funcionó. Llora. Llora todo lo que puedas, como si no hubiese tristeza más grande en tu vida, recuerda todo lo que te haga llorar, hasta cuando se te murió el último pececito de la pecera.


La idea es que te sientas como te sentirías si cantaras canciones de Sin Bandera sin parar, durante todo el día. Créeme, no te quedarán lágrimas, pero sentirás un alivio casi milagroso.


Sólo entonces podrás enfocarte en la meditación dinámica, es decir, ir al parque a caminar, meterte en un gimnasio o hasta bailar como loca en la sala de tu casa. Quizás no tengas muchas ganas al principio, pero como me recomendaba otra de las personas de mi lista particular: haz “como si” hasta que te salga natural.


El asunto es que hay un punto en el que tus emociones están tan aturdidas que tienes tiempo de decidir hacer algo distinto que sufrir.


Ya lo decía el Buda, el dolor es real pero el sufrimiento es opcional.





La decisión de SÍ ser


Desde luego es respetable decidir que no se puede ser amiga de tu ex y sin ánimos de emitir juicios o hacer generalizaciones, creo que si te duele o sientes rabia hacia tu ex, es probable que haya un componente de apego que quizás no ha sido bien procesado y no te permite ir más allá del pasado y transformar la naturaleza de la relación.


¿Me creerías si te digo que sí se puede? Después de todo, esa mujer que ya no está contigo, que fue motivo de una gran cantidad de momentos felices, fue objeto de tu amor y este sentimiento, cuando es desnudado de sus ropajes de posesividad, dependencia o cualquier otro que inconscientemente le pongamos, no persigue sino la felicidad del ser amado.


Yo sí soy amiga de mis exes, y no de unas cuantas, sino de prácticamente todas (y todos). No porque todas hayan sido “el amor de mi vida” o porque “donde hubo fuego cenizas quedan”, sino porque el amor, como Ave Fénix, renace de las cenizas convertido en algo igual de hermoso pero nuevo.


En sonrisas que vienen de otro tipo de complicidades, de los buenos deseos que me gustaría que ellas tuvieran hacia mí. En mi caso, fui más allá, y me hice amiga de las exes de mi exes, al fin y al cabo tendríamos tarde o temprano a una ex en común.


Hoy en día, son de mis más queridas amigas, y personas con las que, de estar cerca, siempre podría contar. Debo aclarar que no estoy loca, aunque parezca.


Creo que vale el esfuerzo intentarlo. ¿Estarías dispuesta? ¿Esa idea ha cruzado por tu cabeza? Cuéntame en los comentarios.


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