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¡Háblame sucio, mami! Aprende a comunicar tus necesidades sexuales




El delicioso (o espinoso) camino del sexo puede moverse en la mayoría de los casos por múltiples senderos: el del disfrute desinhibido, por el mero hecho de experimentar; el del tabú y la inseguridad; o el de la conexión emocional bonita y edificante, que se construye ladrillo a ladrillo... ¿o debería decir: orgasmo tras orgasmo?


Esto es un burdo resumen, porque si hay algo de lo que debes estar segura y no solo segura... ¡convencida! Es que tratándose del sexo las aristas son infinitas y no solo eso... ¡Cambian y evolucionan mucho, como evoluciona además nuestra posición y madurez con respecto a este tema!


Hablar abiertamente sobre tus necesidades sexuales y expectativas con tu pareja es una parte importante de cualquier relación saludable y satisfactoria. Sin embargo, puede ser especialmente importante para mujeres lesbianas o bisexuales, que a menudo enfrentan barreras adicionales en la comunicación sexual debido a la falta de representación y educación adecuada en la sociedad.


A esto debemos sumar que buena parte de la recreación de nuestra vida sexual ha sido orientada al consumo masculino, para satisfacer los fetiches de ELLOS, en lugar de ponerse en nuestros zapatos como amantes y como mujeres con inquietudes para explorar en la intimidad.





¿Es oro todo lo que reluce tratándose del sexo sáfico?


No, niñas, no. Les puedo asegurar que no.


Si tú, la que estás allá afuera del otro lado de la pantalla, eres una chica o una mujer inexperta en busca de respuestas para canalizar mejor tus inquietudes tratándose de tu vida sexual, te puedo decir con absoluta responsabilidad que muchas de las cosas que te hacen creer están muy lejos de la verdad.


Como lesbiana que jamás compartió su intimidad con un hombre y que tuvo la dicha de vivir su sexualidad a plenitud con varias parejas (con las cuales la dinámica siempre fluyó de un modo singular para cada relación), te puedo garantizar que allá afuera te puedes topar un sinfín de novelas lésbicas o sáficas, que pretenden recrear de un modo sofocante (y hasta intimidante) un escenario sexual que parece más bien creado para que ELLOS y no nosotras, se den algunos minutos de placer, acrecentando de este modo las dudas y la incertidumbre, especialmente en las personas inexpertas o que han tenido que aproximarse a su sexualidad intentando sortear sus complejos.


Cuando te despojas de la ropa y estás cara a cara con la persona ante la cual los sentimientos te hacen sentir vulnerable, es normal que te asalten las dudas. También es normal que te asalte el deseo, el frenesí, las ganas de tomar las riendas de la situación y de llevar las cosas hasta las últimas consecuencias... ¡Hasta la más dulce de las consecuencias, pero...! ¡Atención! Que el sexo es un lenguaje de dos y si no quieres decir una "mala palabra", mucho menos ofender con una "vulgaridad" tienes que cerciorarte de que las dos están en la misma página tratándose de deseos, expectativas, preferencias y fantasías.


Vamos, chicas, que el sexo es más divino cuando hay consenso y su evolución puede ser deliciosa si nos ponemos de acuerdo, así que aquí van algunos humildes consejos que espero les sirvan:





Comunica tus límites y deseos


Siempre seré una firme defensora de los límites en cualquier tipo de relación (laboral, amistosa, fraternal, de pareja...). El secreto del éxito está en los límites, chicas. En saber imponerlos con justicia, lealtad a ti misma y empatía... ¡sin que esto se convierta necesariamente en un escrito sobre piedra!


¿Qué quiero decir? Bueno, hablando específicamente del sexo, saber trazar tus límites sanos cuando se trata de la intimidad te ahorrará más de un momento tenso cuando estén desnudas sobre las sábanas, pero no permitas que esto coarte tu curiosidad.


No basta con hablarle a tu pareja abiertamente de lo que te gusta o no. De lo que le gusta a ella o de lo que preferiría evitar. También es aconsejable dejar un margen de experimentación para que ambas tengan la alternativa de escalar a su ritmo hacia nuevas posibilidades. De esto se trata la madurez sexual, chicas y cómo, peldaño a peldaño, evolucionamos en ella.


Hagas lo que hagas, asegúrate de estar cómoda y segura de tus límites y haz que tu pareja los respete, tanto como tú acatas los de ella. Puede sonar drástico, pero una transgresión intencional de estas normas podría caer perfectamente dentro de la violencia sexual o el abuso sexual.


Si se siente mal, ESTÁ MAL. No lo permitas o pide ayuda.





Aprende a hablar sucio

Sí, sí, puede que te suene a cliché, pero te puedo asegurar que si eres una persona auditiva, disfrutarás mucho de ciertos sonidos en la intimidad. Jadeos, gemidos, respiraciones fuertes y... ¿por qué no? Una que otra palabrita subida de tono o una que otra frase que las ponga a mil.


El lenguaje sexual explícito puede ser una forma efectiva de comunicar tus necesidades y deseos en el dormitorio, pero... ¡atención! Antes de pedir más o exigir mayor intensidad, asegúrate de que tu pareja se sienta cómoda con este tipo de comunicación y asegúrate de usar un lenguaje que ambas entiendan.


El tabú puede ser una trampa para osos cuando se trata del ardor o la libido en la cama y la idea no es que ninguna de las dos se sienta fuera de onda, porque si eso ocurre, es probable que les cueste un poco regresar al clímax.


Otra cosa importante a considerar es que si eres auditiva y te excitan los sonidos y las palabras sugerentes o explícitas, a tu pareja no necesariamente le tiene que ocurrir igual. Hay personas que se excitan con lo que ven o con lo que sienten y saborean y eso es también respetable.





Prueba cosas nuevas


Eso sí: a tu ritmo y en la medida de tus posibilidades. En el sexo hay que ser razonable y pragmático, porque hay mucho contenido por allí que te vende situaciones sacadas de la lámpara de Aladino y cuando tratas de llevarlas a la práctica y las cosas no fluyen o de plano te incomodan, la sensación de frustración puede ser colosal.


No digo que a todas nos pase, porque una buena risotada en la intimidad cuando las cosas no van como se esperaban no solo puede ser muy sexy, también dejarte una sensación de complicidad que puede ser más íntima que el más sofocante de los momentos, pero... ¡Lamentablemente no todas nos sentimos tan seguras, mucho menos somos tan desfachatadas o logramos ese nivel de conexión de buenas a primeras con la persona con la que estamos!


Si tienes algo en mente que te gustaría probar sexualmente, comunícalo abiertamente a tu pareja. Trata de ser específica y explícita sobre lo que quieres y cómo te gustaría que se haga. Por mucha vergüenza que te produzca esta conversación, te puedo decir con total franqueza que nada requiere mayor honestidad que una charla acerca del sexo o de una práctica sexual.


Esto las mantendrá lejos de los malentendidos y no solo eso: les evitará un momento WTF! cuando las cosas se pongan bien calientes... ¡Créeme que los malentendidos, cuando ocurren sobre la cama, pueden ser verdaderamente inconvenientes si no se manejan con picardía y mucho sentido del humor!





Practica la comunicación no verbal


A veces, las palabras no son suficientes para comunicar nuestras necesidades sexuales. Una buena forma de obtener mejores resultados en la intimidad es PRESTANDO ATENCIÓN.


Originalmente (y en especial cuando te encuentras a solas en un momento de autoerotismo) es vital que te prestes atención a ti misma. Masturbarte o darte placer sin necesidad de que intervenga otra persona no solo es física y emocionalmente seguro, saludable y estimulante, también es la mejor forma de entender lo que te gusta, cómo te gusta y de observar tus reacciones.


Desde este conocimiento puedes hacerle saber a tu pareja dónde están las zonas que te provocan más placer, qué cosas dieron muy buenos resultados anteriormente y qué prácticas no funcionan contigo. Claro, no exageremos con estas premisas. No fijes el método. Que ciertos roces o posturas no funcionen cuando te masturbas, no quiere decir que no se sientan de maravilla cuando es otra la que lo ejecuta. ¡Piensa en esto!


Ahora, volviendo a esos momentos de intimidad en los que compartes el deseo con tu pareja, ¡préstale atención también a ella! El buen sexo no es para las mezquinas, cariño, así que observa sus gestos, escucha sus gemidos, síguele los pasos al ritmo de su respiración y muy especialmente siente, ¡SIENTE LO QUE TE DICEN TUS MANOS, TU PIEL!


Si se sigue con atención, este se convertirá en un camino inequívoco para el placer de ambas.





Por favor, sé honesta contigo y con ella


Si algo no está funcionando en la cama, es importante que hables con tu pareja de manera honesta y abierta. Quizás no allí, no en el preciso momento en el que está ocurriendo el encuentro, porque puede haber emociones fuertes en juego, pero no lo dejes pasar.


Cuando sientas que las dos están propicias para sostener esa conversación, háblale de tus inquietudes. Dile de un modo amable, gentil y amoroso, qué fue aquello que no funcionó y explícale lo mejor que puedas, escogiendo bien tus palabras, qué fue exactamente lo que te incomodó.


¿Por qué soy tan insistente con la forma como construyes tu comunicación? Porque así como tú puedes sentirte insegura con ciertas facetas de tu sexualidad y la forma en la que la practicas, ella también. Además, chicas, en el sexo NO NACEMOS APRENDIDOS, tampoco hay una fórmula mágica para todas las relaciones.


El sexo es único para cada pareja. Es un lenguaje que construyen ambas y si vienes de una relación con algunos hábitos comportamentales, como hacerlo un poco más duro; como recurrir al juego de dominación/sumisión; o tener fijado un método (cuidado con esto, en la mayoría de los casos da positivo para monotonía y crisis de pareja), es normal que quieras reproducir algunos de los códigos que ya conoces y que antes funcionaron con la persona con la que ahora compartes tu vida íntima, pero... ¡esto podría no funcionar y si ocurre, no tienes que sentirte mal o frustrada! Bastará con hablarlo sanamente, hacer los ajustes y construir en la cama un nuevo idioma que las dos hablen con fluidez.


No tengas miedo de expresar tus preocupaciones y sugerir soluciones JUNTAS. Evita tomar decisiones por tu lado cuando se trata del sexo.





Por último, pero no menos importante: la comunicación sexual es un proceso continuo


Las necesidades sexuales y expectativas pueden cambiar con el tiempo, por lo que es importante que sigas hablando abiertamente con tu pareja y mantengas una comunicación honesta en todo momento. Una charla no basta, mucho menos te alcanza para el tiempo que tengan a bien estar juntas.


Prueben cosas nuevas, cambien de ambiente, curioseen un poco y satisfagan sus inquietudes de una forma equitativa, sana y excitante. No se forcen a nada. Si tu pareja es una amante consumada y tú tienes tus dudas, pídele con amor que te respete, que te dé tiempo y que aprenda a hacerte el amor. ¡Que te enseñe a amarla en la justa medida de sus deseos!


Si sus sentimientos son sinceros y no se muestran egoístas o mezquinas, ella no solo lo entenderá, ¡también le fascinará conocerte y complacerte a la vez que tú también lo haces con ella!


Dan ganas de poner estos consejos en marcha ahora mismo, ¿no es verdad? ¡Pues adelante! Disfruten de su amor en todas sus facetas a plenitud.


Ángela.

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